¿A que juega el Tigre de Gorosito?

Pregunta difícil de responder a estas alturas. Ya transcurrieron 13 fechas de la Primera Nacional 2019/20 y todavía nos cuesta dilucidar a que juega este Tigre de Néstor Gorosito, renovado en algunos apellidos que todavía no dieron la talla y con otros objetivos, claro, pero que al mismo tiempo mantuvo gran parte de la base del equipo campeón de la Copa de la Superliga. Una estrella que estará en las retinas y los corazones de todos los hinchas Matadores pero que, por ahora, hay que separarla y dejarla a un lado. Hoy la realidad es otra. Los puestos de reducido quedan cada vez más lejos, ni hablar del ascenso directo, y en la cancha las respuestas son pocas.

Hagamos un repaso cronológico desde el inicio del mercado de pases hasta este presente. De los jugadores titulares, partieron Lucas Janson, Federico González y Lucas Menossi. Al día de hoy, nada ni nadie pudo suplir a este último. Pero, al menos a mi entender, también hay un jugador que fue clave en el equipo campeón, que hoy ya no está y pocos se acuerdan de él: Juan Ignacio Cavallaro. Dinámico y veloz por los costados. Con llegada al área y gol. Asistidor en algunas ocasiones. Tigre hoy no tiene un jugador de sus características, o lo tiene pero aún ese apellido no lo demostró. Llegaron Emanuel Dening, Gustavo Villarruel, Jhonathan Ramis, Jordan Mosquera, Enzo Díaz, Ezequiel Montagna, Maximiliano Rodríguez Maeso, Fabricio Domínguez Huertas. Salvo este último, todos jugadores de ataque, o al menos de 3/4 de cancha en adelante que no han rendido, salvo Dening y Domínguez lo poco que jugó.

Tigre

Juan Ignacio Cavallaro, una de las grandes bajas del Tigre campeón. Foto: Sin Mordaza.

Tigre debutó en esta Primera Nacional frente a Quilmes con derrota 1-2 en Victoria. Un 4-3-3 que no se volvería a ver, no solo por la forma de juego y la táctica de esa tarde fría de agosto, sino por los intérpretes. Cosa de una vez: Montillo de falso nueve con Morales y Ramis a los costados y Domínguez Huertas compartiendo mitad de cancha con Prédiger y Cardozo. No dio resultado, está claro. Para la segunda fecha con Rafaela, apareció un esquema que duraría varios partidos: 4-4-2. Un nueve (Enzo Díaz) junto a un extremo en la delantera (Ramis) y más atrás el tándem Cachete-Montillo.

Acá arrancaron los problemas. Walter Montillo y Diego Morales son dos grandes jugadores pero que, por características y el espacio que requieren para desplegar su juego sobre el césped, se sienten incómodos compartiendo la mitad de cancha. Gorosito insistió varios partidos con esta dupla confiando en que iba a poder potenciar sus habilidades juntos pero nunca tuvieron un gran partido juntos. Con esta sociedad arrancaron una catarata de problemas tácticos que lo tienen a Tigre lejos de los puestos de ascenso.

En los primeros partidos, el Matador no supo doblegar a rivales que plantearon un sistema defensivo férreo, apostando al juego cortado y cerrando los espacios. Así pasó con Santamarina y Gimnasia de Jujuy. Una nebulosa en ataque que se terminaba traduciendo en goles en contra: un equipo largo y partido, dejando muchos espacios atrás que los rivales, apostando al contraataque, capitalizaron. Puntos dejados en el camino en esa clase de partidos hubo muchos.

Para la fecha 9 con Villa Dálmine, Pipo Gorosito planteó un cambio de esquema que hasta hoy se mantiene. Un esquema que muchos creyeron iba a ser solo cosa de una vez por la gran cantidad de lesionados pero que llegó para quedarse. Una linea de cinco mentirosa: tres centrales en el fondo, dos laterales-volantes, un doble cinco, un generador de juego y dos puntas. En ocasiones fue un punta y dos generadores de juego. Y acá se plantean muchas disyuntivas y salen a la luz los problemas de este esquema.

Tigre

Foto: Fox Sports.

¿Como lograr que el nueve haga goles si el equipo no juega para él?

Lo sufre Enzo Díaz, a tal punto de que le costó su puesto como titular, y también el Chino Luna, Emanuel Dening y hasta en ocasiones, cuando le toca jugar, Jordan Mosquera. Un sistema que obliga al delantero a fabricarse espacios que en esta categoría no hay, o los hay pero esporádicamente. A Tigre le falta ser más directo. Ojo, en muchos de los partidos los delanteros tampoco concretaron las chances que tuvieron y así también es muy difícil. Pero el esquema no los favorece. La manera de jugar del equipo los aleja del arco.

¿El doble cinco de marca rinde?

En ocasiones si y en otras no. No hace falta decir que Sebastián Prédiger es uno de los pocos jugadores indiscutidos de este equipo. Su entrega y sacrificio son valorados todo el tiempo por el hincha. Siempre bien ubicado y manejando la presión y la salida limpia desde atrás. Ahora bien, ¿El Perro no se sintió más cómodo jugando con un volante de juego como lo era Menossi? La respuesta, para quien les escribe, es que si. ¿El plantel tiene uno? No. El Marciano Ortíz también ayuda en la salida limpia y el pase vertical pero en casi todos los partidos termina sobrando en el esquema, por el contexto o por cualquier otra razón, y Gorosito decide sacarlo. No termina influyendo desde el juego como se lo espera, por eso, a mi entender, Tigre necesita otro tipo de volante que acompañe a Prédiger. En ese puesto hay un bache.

¿Como puede ser que Tigre quede mano a mano en defensa cada vez que lo atacan?

Difícil de explicar. Cuestiones de juego pero también cuestiones físicas y mentales. Una linea de fondo que parece desmoronarse en cada arranque de un segundo tiempo. Superada en roce físico y con graves errores conceptuales a la hora de ocupar los espacios. Néstor Moiraghi, desde su vuelta de la lesión, es lo más solido. Ignacio Canuto suele cumplir, aunque sin brillar. El bajón de nivel está en Gerardo Alcoba, uno de los baluartes del plantel campeón. Hoy con la cinta de capitán, el uruguayo parece involucionar partido tras partido. A destiempo cada vez que lo encaran y displicente para darle un pase a un compañero. Es importantísimo que pueda levantar su nivel. Hoy Tigre está sufriendo horrores su mal momento.

¿Luna está para jugar todo el partido? 

Parecería que no. Hay que separar el amor incondicional que el hincha tiene por el Chino. Eso está fuera de discusión. Es uno de los máximos ídolos del club, por no decir máximo. Al 7 le cuesta mucho completar los 90 minutos. Lo hace, pero en los últimos tramos de los partidos es como si no estuviera. A su edad, el cuerpo pasa factura. Da la sensación de que Gorosito puede aprovechar mucho más a Luna poniéndolo en el complemento, cuando el partido lo requiere, para entrar fresco y con sed de gol.

Tigre

Foto: Zona Norte Diario.

¿Que pasa con los refuerzos?

Uno de los grandes karmas de Tigre que lo lleva a este presente. Ninguno de los refuerzos ha estado a la altura hasta ahora. Quizás Emanuel Dening, despachándose con un hat-trick ante Chacarita y siendo la figura de la cancha, y Fabricio Domínguez, siendo de lo más regular cada vez que le tocó entrar, pero no mucho más. Gustavo Villarruel hasta ahora pasó desapercibido. Ezequiel Montagna solo jugó 20 minutos contra Riestra, algo inentendible para muchos conociendo su calidad. Rodríguez Maeso jugó muy poco y sin mostrar muchas cosas. Jordan Mosquera se lesionó y perdió su puesto.

Enzo Díaz, la gran incorporación por su pasado goleador en Ferro, no tiene suerte. El arco no se le abre. En el partido con Brown de Adrogué dilapido dos chances clarísimas y la paciencia del hincha empieza a colmarse. Y por último Jhonathan Ramis, el uruguayo que llegó en un trueque con Vélez a cambio de la venta de Lucas Janson. Resistido por el hincha y con pésimas actuaciones, a tal punto de no ser concentrado para varios encuentros. Los que debían dar respuestas y demostrar porque vinieron al club, todavía no lo han hecho y eso también tiene su cuota de responsabilidad para llegar a este momento.

¿Que cuota de culpa tiene Néstor Gorosito en todo esto? 

Cada uno tendrá su opinión respecto a este tema. Sería necio de mi parte decir que la posible salida de Pipo a San Lorenzo no influyó en la cabeza de los jugadores y en el ámbito íntimo del plantel. Claro que influyó. Su casi salida descolocó a todos, tanto hinchas como dirigentes. Es por eso que hoy Gorosito es mirado de reojo por una gran parte de la hinchada Matadora. Cambios que no se entienden y un mal manejo de su privacidad parecen haberle sacado crédito a Pipo. Una brújula que ya no le marca el norte y refuerzos que no le responden. Lo único cierto es que el DT seguirá, como mínimo, hasta diciembre. Sin atender a la prensa y con la imperiosa necesidad de dar vuelta esta historia.

Pipo en la pretemporada de Tigre, cuando todo era color de rosas. Foto: Prensa Tigre.

Tigre tiene plantel para estar más arriba. Su historia le demanda estar en Primera. Su gente, su estadio, todo. Pero quizás, y esto es una apreciación sumamente personal, por haber salido campeón del fútbol argentino ganándole a Boca, el inconsciente del hincha y del jugador creyó que ese título iba a bastar para ascender caminando. Hoy la realidad es distinta y hay que ir paso a paso. Lo hecho, hecho está. Los rivales ya no lo respetan como al inicio. Ya le sacaron la ficha sobre sus virtudes y debilidades y es sobre eso que Gorosito tiene que trabajar. Como enderezar este barco que, hoy por hoy, no navega en aguas turbulentas pero, de no tomar el timón como se debe, estará haciéndolo en poco tiempo.

El torneo es largo. No, el objetivo no es el Trofeo de Campeones a disputarse con Racing en diciembre en Mar del Plata. Tampoco la Copa Libertadores del 2020, un sueño que el hincha de Tigre aún no puede creer. No se deben desviar las cabezas. Obvio que todos sueñan con ganar ambos títulos pero el verdadero objetivo, y no lo digo yo sino que me lo reconocen desde dentro del club, es ascender. Es devolver al club a donde pertenece. Dejar los egos de lado y mirar todos hacia el mismo horizonte. En diciembre se debe hacer algo. ¿Cambiar el esquema? ¿Cambiar el técnico? ¿Traer más jugadores? No la tengo yo a la respuesta. Con merecimientos no alcanza, hacen falta realidades. En Victoria deben corregir el rumbo o puede llegar a ser demasiado tarde… 

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